La académica Romina Adaos Orrego, encargada de la Relación Asistencial Docente (RAD), y la estudiante Karol Vera Mejías, representante estudiantil suplente, integran la comisión institucional encargada de implementar la normativa desde las perspectivas académica y estudiantil.
Desde el 1 de enero de 2026 entró en vigencia la Norma de Carácter General sobre Sana Convivencia y Protección de la Salud Mental en Campos Clínicos, impulsada por la Superintendencia de Educación Superior (SES), con el propósito de fortalecer el bienestar de los estudiantes de carreras del área de la salud que realizan prácticas clínicas.
En este contexto, la Universidad Católica del Norte oficializó la comisión institucional encargada de implementar la Norma General N° 4, iniciativa que busca promover entornos de práctica seguros, respetuosos y centrados en el bienestar de los estudiantes que desarrollan su formación en campos clínicos. En este sentido, la Escuela de Psicología UCN lidera nueva era en la salud mental estudiantil con la materialización de espacios de práctica seguros y sin violencia:
Para la Dra. Romina Adaos Orrego, esta iniciativa tiene un valor especial para la Escuela de Psicología, ya que representa un paso fundamental que reafirma el compromiso ético e institucional con el bienestar estudiantil y refleja la importancia que la Universidad le otorga a la dignidad de las personas durante su proceso formativo.
“Como carrera del área de la salud, Psicología promueve el bienestar integral de las personas y forma profesionales que se desempeñarán en diversos ámbitos, entre ellos el clínico y de la salud, educacional, laboral, social y jurídico. En este contexto, el sólo hecho de participar en esta instancia permite contribuir activamente a la construcción de entornos de práctica más seguros, donde la excelencia académica vaya de la mano con el cuidado, el respeto y el buen trato entre estudiantes, supervisores y equipos de trabajo”, precisó.
La académica aclara que la formalización de estos comités permite que el buen trato deje de depender de la voluntad individual y se convierta en un estándar institucional, promoviendo una cultura basada en la colaboración, la empatía y el cuidado colectivo. Todo esto en sintonía con los principios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que reconoce el trabajo decente como un derecho de toda persona a desempeñarse en condiciones de dignidad, protección y respeto.
Entre las principales exigencias de la normativa se encuentran garantizar la protección física y psicológica de víctimas y denunciantes; asegurar investigaciones internas oportunas, con respeto al debido proceso; fortalecer la prevención mediante la capacitación obligatoria del cuerpo docente clínico; disponer de canales únicos de denuncia, incluso anónimos; incorporar cláusulas obligatorias en los convenios asistenciales docentes; y reportar semestralmente a la SES las denuncias recibidas y las medidas adoptadas. Además, la SES aplicará una encuesta anual sobre clima y salud mental en los campos clínicos.
En este contexto, la investigadora Adaos Orrego explicó que en este caso su rol como encargada de la Relación Asistencial Docente (RAD) consistirá en actuar como vínculo entre la Escuela de Psicología y los centros de salud, integrando la Comisión de Implementación de la Norma en la Universidad. Desde esta instancia, velará para que los campos clínicos promuevan el buen trato y cuenten con canales de comunicación y denuncia accesibles, seguros y efectivos para los estudiantes.
Desde la perspectiva estudiantil, Karol Vera Mejías, de cuarto año de Psicología, señaló que formar parte de esta comisión tiene un significado especial, ya que representa un espacio donde los estudiantes pueden desempeñar un rol participativo y de toma de decisiones en materias que afectan directamente su formación.
“Somos los estudiantes quienes vivimos estos escenarios desde una perspectiva formativa y enfrentamos por primera vez los desafíos propios de la práctica clínica. Esta iniciativa reconoce que somos profesionales en formación que enfrentamos situaciones complejas y emocionalmente exigentes, por lo que resulta fundamental resguardar nuestro bienestar durante este proceso”, destacó.
La estudiante explicó que su rol en la comisión será el de representante estudiantil suplente. Entre las funciones de esta instancia se encuentran la revisión de protocolos y convenios, el resguardo de la representación estudiantil y el análisis de aquellos factores que inciden en la salud mental y la sana convivencia en los campos clínicos.
Hacia un nuevo paradigma de aprendizaje en los campos clínicos
Romina Adaos Orrego sostiene que el sector de la salud es altamente demandante, no solo por la exigencia técnica, cognitiva y psicológica que implica el trabajo, sino también por su dimensión relacional. La atención depende de la coordinación entre distintas profesiones —como medicina, enfermería, kinesiología, psicología y terapia ocupacional, entre otras—, por lo que la calidad de la comunicación y del trabajo en equipo influye directamente en la seguridad de los pacientes.
Asimismo, la docente destaca que la evidencia científica demuestra que el bienestar psicológico de los profesionales de la salud se asocia con una mejor toma de decisiones, una mayor empatía, una comunicación más efectiva y una atención más segura para los pacientes.
En ese sentido, afirma que la implementación de esta normativa en la Universidad permite sensibilizar sobre la importancia de no normalizar la violencia y de proteger la integridad de quienes se encuentran en formación.
“Asimismo, permite que los estudiantes desarrollen sus aprendizajes en entornos de seguridad psicológica, donde puedan expresar ideas, hacer preguntas, reconocer errores, pedir ayuda o plantear preocupaciones sin temor a ser ridiculizados, castigados o humillados”, enfatizó Adaos.

Foto: Romina Adaos Orrego.
Las prácticas profesionales como posibles primeras experiencias en el mundo laboral y el desafío de formarse en entornos seguros
Desde la mirada de Karol Vera Mejías, la mayoría de los estudiantes de Psicología enfrentan las prácticas clínicas como su primera experiencia en un entorno profesional. Por ello, estos espacios representan un desafío importante, ya que implican adaptarse a nuevas responsabilidades, recibir supervisión y desenvolverse en contextos de alta exigencia emocional.
En este sentido, la estudiante detalla que “si bien existen mecanismos de apoyo para los estudiantes, resulta igualmente necesario fortalecer estrategias preventivas que permitan identificar y abordar oportunamente situaciones de conflicto, maltrato o violencia antes de que estas se agraven”.
A su juicio, uno de los principales aportes de esta normativa es que pone el foco en la prevención y no solo en la reacción frente a hechos ya ocurridos, ya que contar con protocolos claros, mecanismos de detección temprana y espacios de participación estudiantil contribuye a generar entornos de práctica más seguros tanto para los estudiantes como para las personas con quienes trabajan.
“Si bien no es posible anticipar todas las situaciones que puedan ocurrir, sí es posible aprender de experiencias previas para diseñar estrategias que reduzcan los riesgos y protejan la salud mental de los estudiantes”, señala.
Además Karol asevera que “dado que la universidad establece los convenios con los campos clínicos, también tiene la responsabilidad de promover espacios que favorezcan una convivencia sana y un proceso formativo que proteja el bienestar de quienes se encuentran en formación profesional”.
En este sentido, la Dra. Romina Adaos Orrego entrega un mensaje fraterno a quienes se encuentran en formación: “A nuestros estudiantes les diría que no están solos en este proceso. Se trata de una herramienta tanto legal como humana que impulsa un cambio de paradigma en los centros de práctica y formación en salud, promoviendo el compromiso de que el aprendizaje se desarrolle en entornos seguros, respetuosos y libres de cualquier forma de maltrato, donde el buen trato y la salud mental sean parte esencial de la formación profesional”.

En la imagen, estudiantes del área clínica en supervisión de casos junto a la docente Mg. Bárbara Sandoval, en la asignatura Taller Integrador Clínico, instancia en la que participan como comité reflexivo, aportando miradas y orientaciones para el abordaje de cada caso clínico, bajo criterios de confidencialidad y resguardo ético profesional.


