De Antofagasta a Dinamarca: el egresado chileno del Doctorado en Psicología de la UCN que descifra los secretos de la depresión mediante análisis de datos

Marcelo Ávalos Tejeda se desempeña como investigador postdoctoral en la Universidad del Sur de Dinamarca, donde integra un proyecto internacional que estudia la depresión mediante redes psicométricas para avanzar en el desarrollo de tratamientos personalizados.

Desde marzo de este año, Marcelo Ávalos Tejeda integra el Departamento de Psicología Clínica de la Universidad del Sur de Dinamarca, en la ciudad de Odense, como investigador postdoctoral. Egresado del Doctorado en Psicología de la UCN, forma parte de un equipo liderado por la doctora María Semkovska, que estudia la depresión mediante redes psicométricas a partir del análisis del Registro de Gemelos de Dinamarca, una de las bases de datos más extensas del país.

A lo largo de esta conversación, Ávalos explica cómo la especialización en análisis de redes psicométricas desarrollada durante su doctorado coincidió con el perfil requerido para su actual cargo en Europa, recuerda el respaldo académico y humano que le permitió defender su tesis dentro de los plazos exigidos para asumir este desafío internacional y compara las dinámicas de investigación entre Chile y Dinamarca. Asimismo, reflexiona sobre la conciliación entre trabajo y vida personal, la importancia de la planificación y el dominio del inglés, además de compartir recomendaciones para las nuevas generaciones interesadas en proyectar una carrera científica más allá de las fronteras nacionales.

¿En qué consiste la investigación que está desarrollando actualmente en Dinamarca?

Trabajo dentro de un equipo liderado por la doctora María Semkovska, titulado “Dynamic network modelling of depression: towards personalised treatment targets”, cuya investigación principal está orientada a utilizar redes psicométricas para poder identificar distintos patrones de variables y síntomas que podrían explicar el desarrollo o la aparición de la depresión en las personas. 

El fin último de todo esto es lograr el desarrollo de tratamientos especializados y particulares para cada individuo. Para esto estamos utilizando una base de datos bastante grande, que es el Registro de Gemelos de Dinamarca, que tiene distintas olas, distintas encuestas y distintos momentos en el tiempo. 

Mi trabajo particular es como analista de datos. Tengo que aplicar modelos de redes psicométricas al estudio de la depresión y, en este momento, de las funciones cognitivas. Básicamente, se trata de cómo se enlazan a lo largo del tiempo los síntomas de depresión, las funciones cognitivas y otras variables contextuales para explicar la aparición de la depresión propiamente tal.

¿De qué manera su formación en el Doctorado en Psicología de la UCN contribuyó a este nuevo desafío profesional?

Indudablemente, si no hubiese hecho el doctorado, no podría trabajar como investigador postdoctoral. Además, mi tesis doctoral fue sobre redes psicométricas, me especialicé en análisis de redes psicométricas.

Este cargo al que postulé buscaba precisamente a un analista con conocimiento en programación y estadística, concretamente en el lenguaje R, que es lo que conozco, y en redes psicométricas. Entonces, mi doctorado coincidió casi a la perfección con el perfil que estaban pidiendo para este trabajo.

¿Hay algún momento o experiencia en la UCN que recuerde como fundamental para llegar a donde está hoy?

Diría que todo mi doctorado fue fundamental para llegar a donde estoy. El apoyo de mi tutor fue indispensable. Él siempre dice que simplemente me empujó un poquito y yo seguí adelante, pero la sensación que tengo es la contraria: me ayudó bastante, sobre todo hacia el final.

Cuando postulé a este trabajo, todavía estaba terminando el último artículo de mi doctorado. Mi tutor no sabía que yo estaba postulando en paralelo mientras preparaba el compendio de mi tesis. Recuerdo que cuando le envié el primer borrador, me dijo muy elegantemente que así no íbamos a llegar. 

Postulé al trabajo en paralelo a la preparación de mi defensa doctoral y, si el documento no hubiese estado listo a fines de diciembre, no habría alcanzado los plazos. La comisión, con muy buena voluntad, lo leyó en dos o tres semanas y pude defender antes del 30 de enero. De no haber sido por eso, yo no estaría aquí en Dinamarca. Ese apoyo fue absolutamente fundamental. Nadie lo sabía, excepto mi esposa y yo.

Mi tutor me dijo: “Esto se puede hacer, pero necesitas mucho trabajo”. Yo hice ese trabajo y él respondió corrigiendo muy rápido y consiguiendo la mesa evaluativa. Ese compromiso, tanto de él como de la universidad, fue esencial.

¿Qué diferencias y similitudes ha encontrado entre el trabajo académico y la investigación en Chile y en Dinamarca?

La mayor diferencia tiene que ver con la especialización o con la descripción del cargo, por decirlo en términos más organizacionales. Acá estoy contratado como investigador postdoctoral, y se me pide solamente que trabaje en el análisis de datos y que escriba papers. 

Mi trabajo es hacer el análisis de datos según las discusiones que vamos teniendo y las ideas que va proponiendo mi jefa: la doctora Semkovska. En función de lo que ella me indica, desarrollo los análisis y escribo artículos científicos. Ella coordina un equipo más grande de estudiantes de doctorado, de máster e incluso de pregrado, y en lo práctico tiene que generar artículos. 

Esa es la primera gran diferencia. En Chile, en muchos trabajos, uno hace de todo. Como doctor postdoctoral, probablemente estaría haciendo análisis, escribiendo artículos, dando clases y también haciendo tareas de gestión.

En términos más culturales, está el tema de la jornada laboral. Aquí partes a las ocho y terminas a las cuatro, y quedarse trabajando fuera de ese horario es incluso mal visto o incomprendido.

Respecto de las similitudes, el ambiente es bastante similar. Quizás porque vengo de psicología y estoy trabajando en psicología, la gente es muy parecida cuando la conoces y conversas con ella, aunque hables en otro idioma porque aquí todos nos comunicamos en inglés.

¿Qué aprendizajes o experiencias destacaría de esta etapa en el extranjero?

Para mí ha sido un tema el idioma, porque prácticamente nunca hablé inglés en mi vida antes, pero he logrado defenderme. Ese es uno de los aspectos más importantes.

También está el tema de la conciliación entre trabajo y familia. En Chile estamos acostumbrados a trabajar mucho, incluso fuera de horario, y aquí no. Aquí tienes tu horario de trabajo y debes ser eficiente dentro de ese horario. Tienes menos horas de trabajo a la semana y no se espera que trabajes fuera de ese tiempo. Por lo tanto, debes ser eficiente. 

Otra experiencia importante ha sido aprender a ser sistemático. Acá todo es mucho más ordenado y eso te obliga a ser planificado y a cumplir con tu planificación. No existe eso de que “en el camino se arregla la carga”. Aquí la carga se planifica desde un principio y, si hay que modificarla, también debe hacerse mediante una planificación.

Por ejemplo, en cada reunión semanal con mi jefa, al terminar me pregunta inmediatamente cuál es el plan para la próxima semana. En ese momento debo decirle exactamente qué voy a hacer: tú ejecutas algo e inmediatamente planificas lo que viene.

¿Cuáles son sus proyecciones a futuro una vez finalice su investigación postdoctoral?

Cuando uno se va al extranjero siempre tiene la ilusión de quedarse, y esa es mi proyección. No existe todavía un proyecto formal que me permita quedarme, pero sí existe la posibilidad de que, si hago bien mi trabajo y el equipo quiere seguir trabajando conmigo, y además se consiguen los fondos necesarios, pueda continuar en el equipo, aunque no necesariamente como investigador postdoctoral.

Por ahora, eso es más un deseo que una proyección formal. Mi contrato es hasta septiembre del próximo año, así que probablemente entre octubre y diciembre tendré más claridad respecto de las posibilidades concretas.

¿Qué consejo le daría a estudiantes y jóvenes investigadores que aspiran a desarrollar una carrera científica internacional?

Primero, el idioma. Para mí siempre fue una barrera. No es que sea malo en inglés, pero si quieres postular a un posdoctorado, un doctorado o estudios en el extranjero, generalmente te exigen certificaciones en inglés. Eso me impidió postular a otras oportunidades anteriormente.

En este caso particular no pedían certificación y por eso pude postular. Si uno quiere desarrollar una carrera en el extranjero, tiene que invertir tiempo y dinero en mantener una certificación actualizada, porque cuando aparece la oportunidad ya no hay tiempo para prepararse y rendir el examen. Mi experiencia siempre ha sido a través de postulaciones abiertas, y esas convocatorias duran uno o dos meses. No alcanza el tiempo para obtener la certificación en ese período.

Lo segundo es mantenerse siempre atento a las oportunidades. Tengo perfiles en ResearchGate y Academics.com, donde configuré alertas para recibir ofertas de trabajo, estudios y becas en Europa. Durante quince o veinte años he recibido esos correos semanalmente y siempre los he revisado. Antes de este trabajo postulé a otro donde no tuve éxito. Después postulé a este y resultó.

Lo tercero es ser selectivo. No hay que postular a todo, porque eso genera desgaste y frustración. Hay que elegir oportunidades donde realmente las habilidades y el currículum coincidan con lo que se está buscando.

Lejos de los modelos estadísticos, Marcelo también ha encontrado espacios para compartir aspectos cotidianos de la cultura latinoamericana. Durante una jornada de reflexión y actualización en la facultad, fue el encargado de cortar la carne en el almuerzo, una tarea que asumió -entre bromas- representando a Chile con orgullo.

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