Dra. Mónica Guzmán González es reconocida como Investigadora Destacada del Año por la UCN

La académica titular de la Escuela de Psicología de la Facultad de Humanidades fue distinguida durante el Encuentro de Investigación UCN “70 años de Ciencia, Conocimiento e Innovación”, instancia que reconoce su aporte al desarrollo de la investigación desde el norte de Chile.

La trayectoria de la Dra. Mónica Guzmán González da cuenta de un trabajo investigativo que ha alcanzado reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional. Su producción científica en áreas vinculadas a la psicología clínica, psicología social y ciencias de la salud le permitió ingresar, por primera vez en 2023, al 2% de las autoras más citadas a nivel mundial, de acuerdo con el ranking internacional que considera el impacto de la producción científica.

A este reconocimiento internacional se suma la distinción otorgada por nuestra Universidad, institución a la que la académica pertenece desde hace más de 20 años, desarrollando su trayectoria profesional con pasión y convicción. En entrevista con la Facultad de Humanidades, la Dra. Mónica Guzmán aborda el significado de este reconocimiento, el camino recorrido como investigadora y las nuevas preguntas y desafíos que espera desarrollar desde la academia.

¿Qué significa para usted recibir el reconocimiento como Investigadora Destacada del Año de la Universidad Católica del Norte?

Es una distinción que recibí con sorpresa y mucha alegría. Lo vivo como un reconocimiento a un trabajo al que me he dedicado con profunda convicción y pasión. Además, para mí este no es un logro puramente individual, pues la investigación es una tarea colectiva. Detrás de cada proyecto y publicación hay colegas, estudiantes y redes de colaboración con otras universidades que hacen posible que las ideas de investigación lleguen a concretarse. Por lo tanto, es también un reconocimiento a ese trabajo colectivo.

Este reconocimiento se suma a su incorporación al 2% de las investigadoras más citadas a nivel mundial, ¿qué significado tiene para usted este reconocimiento internacional y cómo se relaciona con la distinción que hoy recibe de la UCN?

La incorporación en el ranking internacional es una noticia que recibí con mucha satisfacción, porque significa que el conocimiento que estamos produciendo está siendo leído, citado y utilizado por otros colegas e investigadores. Eso, para mí, es algo especialmente valioso y un motivo de orgullo, porque me permite visibilizar el trabajo que se desarrolla en esta universidad regional y desde el norte de Chile.

Por otro lado, la distinción a nivel de la UCN tiene un significado que es mucho más cercano y afectivo, porque proviene de mi propia universidad, una institución en la que he desarrollado la mayor parte de mi trayectoria profesional.

Ambos son reconocimientos a una labor que ha sido desarrollada de manera progresiva a lo largo de los años y tras la cual ha habido mucho trabajo, no solo mío, sino de muchas personas más. También ha sido posible gracias al respaldo institucional y de mi unidad de origen, la Escuela de Psicología.

Mirando su trayectoria en perspectiva, ¿cómo ha evolucionado su trabajo como investigadora y de qué manera sus investigaciones buscan trascender el ámbito académico para contribuir a la sociedad?

Mi trayectoria ha sido bastante progresiva. Partió con un interés temprano en el impacto de la calidad de los vínculos afectivos sobre distintos aspectos del funcionamiento individual y relacional. Y ese denominador común ha sido el apego.

El estudio del apego en la etapa adulta, es decir, la manera en que construimos vínculos afectivos con las personas más significativas para nosotros y el grado en que experimentamos seguridad y apoyo en esos vínculos, tiene un impacto en la manera en que nos relacionamos en otros ámbitos, en la salud mental, en el bienestar y en la regulación emocional, entre otros aspectos.

También ha ido cambiando la manera de abordar ciertas preguntas de investigación. Al comienzo fueron preguntas que podían ser respondidas con diseños más acotados, y eso ha ido evolucionando hacia preguntarnos cómo se producen los procesos de cambio justamente en estos estilos vinculares, en estas formas de relacionarnos con otros, y el impacto que tiene ello sobre la salud mental y el bienestar. Con un particular foco de interés en una etapa del ciclo vital que se llama adultez emergente, que es el periodo que abarca entre los 18 y 29 años.

Estos son temas que, de alguna manera, tienen una expresión muy concreta en la vida de las personas. Son temas que resuenan en las personas y, en ese sentido, creo que es conocimiento que puede generar aportes que trasciendan el ámbito meramente académico. En ese sentido, creo que el desafío que siempre enfrentamos quienes nos dedicamos a la investigación es que ese conocimiento científico que se genera se traduzca en algún impacto para las personas; que se traduzca, por ejemplo, en políticas públicas o en el desarrollo de la sociedad.

¿Qué nuevos proyectos, preguntas o desafíos científicos espera abordar próximamente?

Es justamente avanzar hacia la aplicación de este conocimiento. Estamos comenzando a explorar de qué manera el conocimiento que se ha generado respecto del impacto del apego y de los vínculos afectivos sobre distintos aspectos del funcionamiento psicológico puede traducirse en intervenciones preventivas e intervenciones psicoeducativas informadas por la teoría del apego y que, basadas en evidencia, permitan justamente fortalecer la calidad de los vínculos, permitiendo establecer relaciones más seguras y saludables. También espero seguir fortaleciendo, por supuesto, el trabajo colaborativo, tanto al interior de la Universidad, con investigadores, como también con investigadores de otras universidades.

Las preguntas que hoy nos hacemos son cada vez más complejas y la ciencia tiene que avanzar hacia abordar problemas de investigación desde una mirada más amplia, que implique el concurso de distintas disciplinas y la capacidad de poder integrar distintas perspectivas.

¿Qué mensaje le gustaría entregar a las y los estudiantes que están comenzando a interesarse por la investigación, especialmente a las mujeres que sueñan con desarrollar una carrera como investigadoras?

Les diría que la investigación se construye de manera gradual. La trayectoria científica no surge solamente de una publicación particular, sino de hacerse permanentemente preguntas.

En ese sentido, las incentivaría a estimular la curiosidad, a cuestionarse, a mirar desde una perspectiva distinta los fenómenos, a aprender permanentemente, desde la apertura al aprendizaje, a equivocarse, porque allí radica también el aprendizaje, y a perseverar.

En segundo lugar, también les diría que conecten con personas, con equipos, con quienes puedan aprender y colaborar. La investigación y la ciencia, desde mi punto de vista, son una actividad fundamentalmente colectiva.

También es importante avanzar hacia una forma de hacer ciencia más centrada en la construcción colectiva que en lo individual. Los reconocimientos son, sin duda, muy gratificantes y a uno lo llenan de gratitud y orgullo, pero no pueden ser el objetivo de una carrera científica.

Lo que, en definitiva, me importa es poder estar permanentemente haciéndose preguntas y de qué manera responder esas preguntas puede aportar a la sociedad.

Y este mismo mensaje quisiera trasladarlo a las mujeres interesadas en hacer ciencia: la relevancia de perseverar en los intentos de reducir las brechas que todavía existen para que las mujeres nos podamos desarrollar en el ámbito de la academia y de la ciencia en particular.

Esta construcción de redes me parece importante, porque ver a otras mujeres investigando, liderando proyectos y formando equipos contribuye a que el desarrollo de una carrera en investigación pueda perseguirse como algo real, como una posibilidad real.

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