Treinta años de servicio representan mucho más que una trayectoria laboral para Norma Noelia Flores Arancibia, más conocida cariñosamente como “Noe” por generaciones de estudiantes, académicos y funcionarios. La encargada de Administración y Finanzas de la Facultad de Humanidades ha sido testigo de importantes transformaciones institucionales, acompañando el crecimiento de la Universidad Católica del Norte desde distintos espacios y formando parte de una comunidad que, según reconoce, ha marcado profundamente su historia de vida.
En el marco de la celebración de los 70 años de la UCN, Noelia recibió la medalla que reconoce sus tres décadas de compromiso con la institución. Desde sus primeros años en la Escuela de Psicología hasta su actual labor en la Facultad de Humanidades, recuerda con gratitud los aprendizajes, desafíos y vínculos construidos a lo largo de un camino que hoy la llenan de orgullo y satisfacción.
Este año recibió la medalla por sus 30 años de servicio. ¿Qué significó para usted este reconocimiento?
Es un premio a la dedicación que uno le pone todos los días al trabajo. En el fondo, es como mirar hacia atrás y ver todo lo que has hecho, lo que has ayudado, lo que has conocido y lo que has aprendido.
Yo he estado en otras unidades antes. En la Escuela de Psicología estuve mucho tiempo y, cuando uno mira en retrospectiva, se da cuenta de todas las cosas que ha vivido. He pasado tomas, acreditaciones, tantos cambios, tanta gente. Empiezas a mirar hacia atrás y como que se te pierden los años entre tantas experiencias y tantos estudiantes. Y es bonito porque al final te quedas con la compañía de mucha gente que no forma parte de tu familia, pero que sí ocupa un lugar importante en tu vida.
También es sentirse segura en lo que uno hace. Estos años te permiten tener confianza en tu trabajo, y eso se refleja en la confianza que los demás depositan en ti. Uno nota cuando alguien confía en lo que haces, en tu función o en la forma en que desempeñas tu trabajo. Yo creo que es eso: la gratificación de sentir que has hecho bien tu trabajo y que las personas confían en ti.
¿Imaginó alguna vez que desarrollaría una trayectoria tan extensa en la UCN?
No, nunca. Llegué a la universidad con muy buena suerte, porque me encontré con gente muy generosa que me enseñó cómo funcionaba todo. Cada lugar de trabajo tiene su dinámica particular y yo me adapté bien. Al principio estuve en Ingeniería Química. Alcancé a estar un mes ahí, y después entré a la Escuela de Psicología, donde me quedé muchos años.
La verdad es que encontré un ambiente muy bueno. Siempre lo comentamos con mis compañeras: el ambiente que se da en la universidad es bien particular. No creo que se dé en todos los lugares de trabajo. Hay respeto, consideración, y eso se valora mucho. Claro que siempre existen situaciones puntuales, pero afortunadamente a mí me ha tocado trabajar con muy buenas personas, con gente muy respetuosa y que valora lo que uno hace.
Y ahí fui avanzando, conociendo, aprendiendo, creciendo como persona y como funcionaria. Con el paso de los años me di cuenta de que me iba quedando. Me gusta, no me quiero ir, quiero seguir. Siempre he pensado que no quiero dejar de trabajar porque me gusta mucho venir. Hay días malos, como le pasa a todo el mundo, pero en general disfruto mucho lo que hago.
Cuando llegué había personas que llevaban muchísimos años trabajando aquí y yo pensaba: ¿cómo lo hacen para estar tanto tiempo? Y después te das cuenta de que tú también lo vas logrando. Te vas insertando tanto en esta vida, se vuelve tan familiar, tan cómoda y tan linda, que te vas quedando.
Después de esta trayectoria, ¿de qué se siente más orgullosa?
Me siento orgullosa de haber sido capaz de lograr esto. A veces uno dice que el trabajo es solamente trabajo, pero pasamos muchas horas acá. Trabajamos por nuestra familia: eso sí lo tengo clarísimo, pero hay momentos en que ves tan poco a tu familia durante el día que este lugar también se transforma en parte importante de tu mundo. Me siento orgullosa de haber podido compatibilizar mi vida laboral con mi vida familiar. Siempre traté de integrarlas y siento que los resultados han sido positivos en ambos ámbitos.
También me siento orgullosa de haber comenzado como secretaria, haber trabajado con dedicación y haber sido reconocida por eso. Gracias a ese camino pude asumir nuevas responsabilidades y llegar al puesto que ocupo hoy.
A veces me pasa que tengo que resolver algo y me doy cuenta de que ya lo hice antes. Entonces pienso: ¿en qué momento aprendí todo esto?, ¿cómo lo hice?, y eso me reconforta. Siempre trato de seguir aprendiendo y de aplicar lo que aprendo. Yo siento que no necesito que los demás validen constantemente lo que hago: lo importante es que yo misma pueda mirar mi trabajo y sentir que lo hice bien.
Después de tantos años, debe tener muchas historias. ¿Hay alguna anécdota que recuerde con cariño?
Sí, fue en el 2015. Justo ese día había un simulacro de tsunami en Antofagasta. Estábamos todos afuera cuando vi que sonaba mi celular y el de la oficina. Contesté el celular y era mi hija: Mamá, hay un incendio en la casa, me dijo. Le pregunté si había llamado a Bomberos y me dijo que sí. Así que tomé mis cosas y me fui de inmediato.
Mi casa tenía tres pisos y el tercero se quemó completo. Los otros pisos no se quemaron, pero quedaron completamente mojados por el trabajo de los Bomberos. El incendio había comenzado en la casa de mi suegra y después se propagó. Fue muy triste. Lo que más lamento hasta hoy es una caja donde guardábamos muchísimas fotografías familiares. No se quemaron, pero quedaron todas pegadas unas con otras. Todavía las tengo guardadas porque mantengo la esperanza de separarlas.
Después vino todo el trabajo de limpiar, ordenar y reconstruir. Recuerdo que incluso quería volver a trabajar para poder mantener la cabeza ocupada. Y ahí fue cuando sentí mucho el apoyo de la gente de la universidad. Exalumnos, compañeras, académicos, muchas personas se acercaron para ayudarme o simplemente para acompañarme. La gente acá se portó un siete. Recibí muchas muestras de cariño, preocupación y apoyo. Eso fue muy significativo para mí y es algo que valoro profundamente hasta hoy.
La universidad cumple 70 años. Desde su experiencia, ¿qué cambios destacaría en la evolución de la UCN?
Yo creo que una de las cosas más importantes es la preocupación por las personas. Como en todo lugar, siempre hay cosas que mejorar, pero para mí ése es un valor agregado que tiene la universidad. Es una institución generosa con sus trabajadores y también con sus estudiantes. Por ejemplo, hoy ya tenemos implementadas las 40 horas laborales, puede parecer algo simple, pero impacta mucho en la calidad de vida de las personas.
También he visto cambios importantes en la estructura institucional. La creación de nuevas vicerrectorías, de las áreas de calidad, desarrollo y vinculación ha permitido una mejor organización. La universidad fue creciendo, se volvió más compleja y necesitó nuevas unidades para responder a esos desafíos. Lo mismo ha ocurrido en la Facultad, porque antes la estructura era mucho más reducida, y hoy existen direcciones y equipos que permiten apoyar mejor el trabajo académico y administrativo.
Hablando de la Facultad de Humanidades, ¿qué significa para usted formar parte de esta comunidad?
Llegué a la Facultad en 2020. Aunque llevo menos tiempo aquí que en la Escuela de Psicología, el cambio no fue tan complejo porque ya conocía el funcionamiento institucional. Entonces me gusta sentir que, desde esta posición, puedo apoyar a la Escuela de Psicología, que es mi unidad de origen y a la que le tengo mucho cariño, y del mismo modo ahora con Periodismo.
Tuve además una muy buena mentora: Alejandra Naranjo, quien ocupaba este cargo antes. Ella me enseñó todo lo relacionado con el trabajo que realizo hoy. Por eso le tengo un cariño especial a este puesto: siento que ella me traspasó todo un legado. Me siento cómoda, me siento en un buen ambiente de trabajo y hemos ido formando un equipo muy bonito.
¿Qué mensaje le gustaría dejar a quienes hoy forman parte de la Universidad Católica del Norte?
Muchas veces, cuando estamos dentro de una institución, dejamos de ver las cosas buenas que tiene, pero cuando uno conversa con personas que trabajan en otros lugares, se da cuenta de que muchas de las cosas que vivimos aquí no son tan comunes. Por eso creo que es importante valorar y cuidar este espacio. Cuidar el ambiente laboral, cuidar la calidad humana que existe aquí y mantener esa preocupación por las personas que caracteriza a la universidad.
Yo creo que eso es lo más importante: cuidarlo para que siga estando presente en las futuras generaciones.


