La huella humana de Eliana Varas Romero tras casi cuatro décadas en la UCN

La secretaria directiva de la Decanatura de la Facultad de Humanidades participa en el Repositorio Complementario de Textos Inéditos con un relato que rescata la historia y el legado de la Universidad Católica del Norte.

En el umbral de 1989 ingresé a la Universidad del Norte, con una mezcla de nervios y esperanza. Aquel año mi rutina comenzó sin ruidos de gloria, solo con el zumbido constante de la máquina de escribir, el roce suave de las teclas y un reloj que parecía marcar el pulso de una institución que buscaba crecer.  No sabía cuánto tendría que sostener, cuántas puertas habría que abrir, ni cuántas palabras serían necesarias para que fluyesen las ideas y los sueños de quienes llegaban buscando conocimiento.

Poco a poco, fui aprendiendo que mi labor iba más allá de organizar papeles y agendar citas. Ser secretaria era convertirse en la memoria viva de la universidad: guardar, clasificar y compartir con cada persona la información que necesitaba, en el momento exacto. Era anticipar necesidades antes de que se expresaran, sostener a quienes estaban al borde de un proyecto y con una sonrisa discreta, aliviar la carga de quienes llevaban la responsabilidad de enseñar, investigar y construir un mejor futuro.

Los años trajeron cambios visibles, tecnologías que exigieron nuevos ritmos, edificios que se levantaron como promesas en el horizonte, y generaciones de estudiantes, profesoras y profesores que caminaron por pasillos cargados de historias. Pero hubo una constancia que se mantuvo intacta; la misión de apoyar, con paciencia y atención, a cada persona que cruzaba las puertas de mi querida Universidad. En cada mensaje contestado, en cada documento organizado, quedaba grabada la voz de alguien que creía en la educación como un camino de transformación. Hubo momentos difíciles, de incertidumbre y de decisiones que exigían corazón: periodos de cambios institucionales, crisis que golpeaban las rutinas y desafiaban la resiliencia de todos. En esas épocas difíciles, mi labor fue sostener, con firmeza y ternura, la estructura que permitía a otros seguir avanzando. Aprendí que la burocracia bien hecha puede ser un acto de cuidado, un puente entre el deseo de hacer y la realidad de hacerlo.  

Con el paso de los años, vi nacer proyectos que parecían sueños, investigaciones que se convertían en avances, campus que se actualizaban, comunidades académicas que se fortalecían. Y en cada uno de esos logros, aunque a veces invisibles a los ojos más amplios, estaba mi huella, la de quien mantiene el flujo, la coordinación, la calma, para que otros, con su brillo, puedan encender el suyo.

Hoy, mirando hacia atrás, no veo solo una trayectoria profesional, sino un testimonio de lealtad y paciencia. He aprendido que la grandeza de una institución no está solo en sus grandes logros, sino en la gente que sostiene sus días, quienes atienden, organizan y facilitan que cada idea encuentre su camino.  Mi servicio, entonces, es la suma de cientos de pequeños actos cumplidos con cariño, un correo enviado a tiempo, una llamada que evita un error, una palabra de aliento cuando el ánimo flaquea.

A los 70 años de la Universidad Católica del Norte, agradezco a Dios el camino recorrido y me congratulo con la historia que hemos escrito juntos, docentes, estudiantes, administrativos y yo, la secretaria que, desde 1989, ha sido también un testigo silencioso de la constancia humana. Que este aniversario sirva para reconocer no solo las fachadas y los logros visibles, sino la red invisible de personas que sostienen cada día la casa del saber. Y que, en cada nuevo amanecer, sigamos cuidando ese detalle que parece pequeño pero que sostiene, con delicadeza, el sueño de aprender.

Eliana Edith Varas Romero
Secretaria Directiva
Facultad de Humanidades

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